Carola, hace nueve años trabaja en el acompañamiento de víctimas desde su lugar en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires, que también contó que, a fines del año pasado se realizó el descubrimiento de una señalización en memoria de Candela en el Museo Histórico de Luján.
“Su sonrisa trascendió fronteras”, destacó la madre de Candela y atribuyó a las redes sociales un rol clave para que el caso de su hija fuera conocido también en otros países como Paraguay, Bolivia y México.
“Candela era una niña de 11 años y le hicieron mucho daño”, lamentó su mamá, que durante más de una década le puso el cuerpo a la búsqueda de justicia. “Quedaron muchos sin pagar por su muerte, el caso fue muy mal investigado y ya cerraron todo”, sentenció.
Tal vez por esto Carola puso toda su energía en los últimos años en ayudar a transitar el dolor a otros familiares de víctimas. Armó grupos y redes de contención y ella misma recorrió el país para participar de distintas charlas. “Ayudar a otros me ayudó mucho a mí a madurar el duelo”, explicó en otra entrevista.
En todo este proceso, además, Candela nunca la abandonó. No solo por los recuerdos compartidos durante sus 11 años de vida, sino por las señales que Carola fue encontrando aún después de su muerte. “La vi en sueños tantas veces a mi Cande, ella está llena de luz”, aseguró.
El crimen de Candela Rodríguez
Candela fue vista por última vez el 22 de agosto de 2011 en la localidad bonaerense de Villa Tesei, partido de Hurlingham, cuando esperaba a unas amigas para ir a la reunión del grupo de boy scouts al cual pertenecía.
“Te amo”, le dijo a su mamá antes de cerrar la puerta de su casa, y esa fue la última vez que Carola Labrador vio a su hija.
Aquel día, alrededor de las 15.30, al menos tres personas la subieron por la fuerza a una camioneta Ford EcoSport negra, cuya patente trasera estaba cubierta, y se la llevaron hasta una vivienda de Loma Hermosa, en Tres de Febrero.
“Fueron nueve malditos días”, manifestó a este medio Carola sobre aquellas más de 200 horas en las que se buscó contrarreloj a Candela hasta que finalmente encontraron su cuerpo el 31 de agosto.
Aunque la buscaron 1.500 agentes, helicópteros, 140 patrulleros y 16 perros rastreadores, la encontró un cartonero entre la basura al costado de la colectora de la Autopista del Oeste, a unas 30 cuadras de donde vivía la víctima con su familia.
No solo la habían secuestrado. Habían abusado sexualmente de ella y después de tenerla nueve días cautiva, la asesinaron. “Nunca se sale de un dolor así”, aseguró su mamá cuando se cumplió el décimo aniversario del crimen.
Dos juicios y dos solas condenas a perpetua
Por el caso hubo un primer juicio oral que terminó en 2017 con las condenas a perpetua para Hugo Elbio Bermúdez, como autor material del crimen, y para Leonardo Jara, como partícipe necesario. También hubo una pena menor – de cuatro años de prisión – para Gabriel Fabián Gómez como partícipe secundario en el secuestro.

Siete años después, en mayo de 2024, empezó el segundo juicio por el crimen de Candela en el Tribunal N°6 de Morón.
En esa oportunidad Miguel Ángel “Mameluco” Villalba, quien ya cumplía entonces una condena por narcotráfico en Ezeiza, fue juzgado como presunto autor intelectual del secuestro seguido de muerte de Candela Rodríguez y la Justicia lo absolvió.
El fallo fue firmado por los jueces Alejandro Omar Rodríguez Rey, Cristian Adrián Toto y Mariana Maldonado.
En la misma sentencia, absolvieron al resto de los acusados: Héctor “El Topo” Moreira, el policía de la Bonaerense Sergio Chazarreta y el carpintero Néstor Altamirano.
El fiscal Mario Ferrario, a cargo de la investigación caratulada como “juicio Candela 2″, había pedido prisión perpetua para todos los acusados, menos para Altamirano, a quien finalmente no acusó. El carpintero estaba sospechado de ser la persona que alimentó a Candela durante el supuesto cautiverio en la “Casa Rosa”, ubicada en Kiernan 992.
La resolución del Tribunal fue muy dura para con la investigación que realizó la fiscalía. Entre los argumentos que expone el fallo “todas las irregularidades que desnaturalizan la prueba del proceso, alejan la posibilidad de arribar a la verdad de lo ocurrido”.