Así murió Max Higgins, el jamaiquino que reunió a Maradona, Gloria Gaynor y Duran Duran en Mar del Plata: el empresario que había prometido hacer un “Disney” en San Pedro tenía 55 años, había estado internado en el Borda y lo encontraron sin vida en la zona de Liberta. Quedo en la miseria extrema.
Se trata de Emile Maxim St. Patrick Higgins, conocido popularmente como Max Higgins, quien fue encontrado por un chofer de la empresa de colectivo 216 en un descampado de Libertad. Extrema pobreza y sin zapatos.

El chofer al ver el cuerpo tirado en el descampado dio aviso inmediato a las autoridades. Higgins estaba en posición fetal. Según su testimonio de vecinos, ya lo había visto deambulando por la zona días antes y hasta dormía en paradas de colectivos, montes y pedía de comer en casas vecinas.
Las primeras pericias no arrojaron indicios de violencia ni signos de intervención de terceros, y una ambulancia que arribó minutos después confirmó que el deceso se produjo por causas naturales.
La Unidad Funcional de Instrucción 3 de Morón caratuló el expediente como “Averiguación de causales de muerte”, y su titular, por protocolo, ordenó la realización de la autopsia para esclarecer con precisión las circunstancias del fallecimiento.
De “Rey del entretenimiento” y fortuna a la indigencia y muerte
Max Higgins desembarcó en la Argentina en 2007 con la promesa de revolucionar la industria del espectáculo. Autoproclamado el “Rey del entretenimiento”, acaparó la atención mediática al prometer la construcción de un “Disney argentino” en la ciudad bonaerense de San Pedro, un proyecto faraónico tasado en 1000 millones de dólares que jamás se concretó.
En su paso más recordado por los medios, organizó el reality World Football Idol, un ciclo que contó con tres ediciones y la participación estelar de figuras de la talla de Diego Maradona, Gabriel Batistuta y Sergio Goycochea.
En aquella época, Higgins se movía en limusinas, helicópteros, alquilaba oficinas en Puerto Madero y se presentaba en los estadios con capa y corona junto al astro del fútbol mundial, mientras presumía una vida de lujos que incluía una camioneta Lamborghini Diablo, que luego se supo era prestada.
Una trama de engaños y falsedades
Fue su entonces su mujer, Sandra Zapata, quien destapó una trama de engaños al revelar que la fortuna que ostentaba era una farsa, a la vez que lo denunció por violencia y antecedentes penales por estafas con cheques sin fondo en Estados Unidos e Inglaterra. Así, comenzó a desmoronarse el castillo de naipes que supo construir el jamaiquino.
Acorralado por las denuncias y catalogado por la Justicia y los medios como un estafador profesional, el “empresario” perdió todo su círculo de confianza.
Los flashes, los hoteles de lujo y las reuniones de la alta sociedad quedaron atrás, dando paso a una dura realidad en la indigencia.
En sus últimos años, Max Higgins fue visto durmiendo en las calles del barrio porteño de Retiro. Testigos relataban que solía hablar solo, alternando inglés y un castellano rudimentario, entre teorías conspirativas y promesas de recuperar su dinero.
Su fallecimiento en Merlo, sin familiares ni amigos a su lado, y sin tampoco recibir asistencia del Estado municipal por estar en situación de calle, le da cierre a una historia digna de una película, cargada de ostentaciones y lujos, pero también de una caída abrupta y brutal. Un hombre que pasó de la grandilocuencia y la “riqueza” a la su muerte en la calle.